Diario del Orador

Ejercicios para que no me tiemble la voz con Yo Hablo en Público

2026.09.29
Ejercicios de voz para el miedo a hablar en público y la comunicación asertiva en llamadas de trabajo

Hay un truco que funciona para pararte frente a veinte personas en una presentación grande pero no sirve en una llamada corta con un cliente. Llevo tiempo probando ejercicios para el temblor en la voz, y la respuesta cambia según la situación, aunque casi ningún curso de comunicación lo separa así. Quiero poner uno al lado del otro: los ejercicios que ayudan con el miedo a hablar frente a una sala llena, y los que sirven para la comunicación asertiva de una llamada más, de las muchas que hay en la agenda de cualquier semana de trabajo.

Antes de seguir: este es un diario personal y sí, incluye enlaces de afiliación a los cursos que menciono. Si te matriculas a través de alguno, recibo una comisión que no te cuesta nada extra a ti; solo hablo de las herramientas que de verdad uso. El detalle completo está en el pie de página, lo digo en serio.

El mismo ejercicio no funciona para todo

Mi jefe fue directo una vez: mis correos eran impecables, pero en las llamadas mi silencio se sentía enorme. Ya sabía de sobra cómo superar el bloqueo al hablar después de escribir correos perfectos en la teoría; lo que no sabía era qué hacer con el cuerpo en el momento exacto. Ahí empecé a mirar los cursos de otra manera: no como una receta única, sino como dos cajas de herramientas distintas. El curso Yo Hablo en Público, con una valoración de 4.4 sobre 5, está pensado para el momento de pararse frente a mucha gente; su estructura es corta y apunta directo al escenario. Ese cruce entre escribir bien y hablar con el cuerpo presente es, me parece, donde se juega buena parte del crecimiento profesional que nadie ve reflejado en un currículum.

Mano escribiendo en una libreta de ejercicios de voz junto a un curso de comunicación asertiva

La respiración de YouTube que se me olvidaba justo al desmutear

Antes de mirar cualquier curso en serio, probé por mi cuenta ejercicios de respiración sacados de YouTube, de esos que prometen calmarte en pocos pasos. Los practicaba sentada, tranquila, sin nadie mirando, y funcionaban perfecto ahí. El problema era otro: en el segundo exacto de apretar el botón de unmute se me olvidaban por completo, como si nunca los hubiera practicado. No es que el ejercicio estuviera mal; es que lo había entrenado en un cuerpo relajado y lo necesitaba en un cuerpo en alerta, y esas dos versiones mías no se parecían en nada.

Fue la primera señal de que un mismo ejercicio no se comporta igual en dos situaciones distintas, algo que después confirmé comparando los dos cursos que menciono aquí. Uno asume que vas a tener minutos para prepararte; el otro asume que el nervio ya está encima y hay que resolverlo en segundos, sin margen.

Los ajustes físicos que sí se quedan, vengan de donde vengan

Lo que sí terminó sirviendo en cualquier situación fueron los ajustes físicos que encontré en Yo Hablo en Público, más allá de la respiración. El apoyo plantar, por ejemplo: mantener los pies firmes contra el piso mientras hablo por cámara, algo que suena irrelevante hasta que notas que le da al cuerpo una señal de que no se está cayendo. Después está la apertura de mandíbula, un bostezo suave antes de entrar a la llamada para soltar una tensión que, sin querer, siempre termino apretando. Y el control de la pausa, que para mí fue el más difícil de aceptar: dejar que el silencio exista unos segundos sin llenarlo de pánico, en vez de tratarlo como un hueco que hay que tapar con lo primero que se me ocurra.

El curso El Arte de Comunicar, con una valoración de 4.5, se mueve en otro terreno: menos escenario y más oficina, con un ritmo pausado que rinde mejor escuchado entre tarea y tarea que sentada frente a la pantalla. Cada módulo deja algo puntual para probar esa misma semana, lo cual encaja mejor con una llamada de cliente cualquiera que con la urgencia de una sala llena. Ahí está la primera diferencia real entre los dos: uno entrena el cuerpo para un pico de exposición, el otro entrena el hábito para el ruido de fondo de un trabajo que vive de llamadas.

Detalle de una mano activando el micrófono en una videollamada, justo en el momento de mayor miedo a hablar

Comparo la llamada corta con la sala llena

Hay una escena que uso para probarme a mí misma si algo funcionó: una reunión grande, de las que tienen más de veinte personas conectadas, donde antes habría inventado una excusa de conexión para que alguien más presentara por mí. Esa vez me quedé, sentí la vibración típica en la voz apenas saludé, y en vez de buscar más aire solté los hombros y bajé el tono hacia el pecho, justo lo que había practicado para ese tipo de momento puntual, no para el día a día. La glosofobia no se cura con un ejercicio bonito, pero se vuelve manejable cuando dejas de pelear contra el propio cuerpo en el momento exacto que más te exige.

Miryam Sánchez, que practica conmigo en el mismo grupo de ensayo en voz alta, anota sus observaciones en una hoja aparte y las lee al final de cada sesión; la vez que comparamos los dos cursos en voz alta fue ella quien dijo, sin rodeos, que el de anclaje físico le sirvió más para una feria de ventas puntual, y el otro para las llamadas de seguimiento que tiene todas las semanas. Hay una nota de voz de un miércoles que todavía conservo: me escuché completa, con ese eco metálico que tiene la propia voz al reproducirse en una nota de WhatsApp, y por primera vez no tuve ganas de borrarla. Se la mandé de una vez a mi prima Esmeralda, que vende maquillaje por WhatsApp y graba notas de voz para sus clientas todo el día; ella no analiza nada, solo reacciona, y esta vez dijo que había quedado bien, sin más. Hubo también una tarde en la Librería Nacional del Centro de Medellín en la que leí en voz baja un párrafo entero sin que se me cortara el aire a la mitad, algo que antes me habría parecido imposible, qué pena admitirlo.

Si tu problema es sobrevivir una presentación puntual, con fecha y hora ya puestas en el calendario, el curso que vale la pena mirar es Yo Hablo en Público, porque está armado para ese pico de exposición y no para sostener meses de constancia. Si en cambio lo que te pesa es la llamada de rutina, esa que se repite toda la semana y te deja agotada aunque dure diez minutos, el hábito diario de El Arte de Comunicar rinde más, porque no apuesta por un solo momento sino por el ruido constante de la oficina. Yo terminé usando los dos, cada uno para lo suyo, y esa fue la única manera de que dejaran de pelear entre sí. Si quieres ver con calma lo que trae el curso pensado para esos momentos de alta exposición, puedes ver detalles del curso para hablar en público.