Diario del Orador

Cómo presentarse a un cliente por videollamada de forma natural y segura

2026.08.28
Especialista de customer success a punto de iniciar una videollamada con un cliente

Hay un clic seco justo antes de que el ícono del micrófono pase de rojo a verde, medio segundo en el que decido si mi voz sale entera o se queda atascada en la garganta. Ese medio segundo concentra casi todo lo que me costó entender sobre presentarme a un cliente por videollamada.

Me lo dijeron una vez sin rodeos: escribo bien, pero en las llamadas me quedo callada. Ese salto, de la palabra escrita a la hablada, es otro tema que vengo trabajando aparte, pero de ahí salió la obsesión que sí quiero contar acá. Durante mucho tiempo creí, como casi todas las que trabajamos en customer success, que la seguridad frente a un cliente se demostraba clavando los ojos en el lente de la cámara sin despegarlos un segundo. Es el consejo que repite cualquier guía de comunicación práctica: mira siempre a la cámara, transmite firmeza. Lo probé al pie de la letra y lo que transmitía, en realidad, era rigidez. La corrección que sostengo ahora, sin vueltas, es la contraria: mirar fijo todo el tiempo no genera confianza, la rompe.

El consejo de mirar siempre a la cámara

Ese consejo viene, la mayoría de las veces, de manuales de oratoria pensados para un escenario real, no para una pantalla de trece pulgadas, y entender eso terminó siendo más una lección de desarrollo personal que una técnica de cámara nueva. Lo repetía también uno de los primeros capítulos de El Arte de Comunicar, el curso de Hotmart que vengo trabajando capítulo a capítulo, el ritmo lento con el que lo hago es otro tema que ya dejé anotado aparte.

Antes de llegar a la alternancia probé de todo. Hubo una época en la que traté de hablar más rápido para disimular los nervios y terminé tropezando con las palabras, encadenando frases que ni yo entendía. No funcionó: el cliente notaba el apuro más que la firmeza que yo quería fingir.

Cámara web de laptop encendida antes de una videollamada de trabajo con un cliente

Le mandé una de esas grabaciones a Esmeralda, mi prima lejana. Ella vende cosméticos por WhatsApp y les graba notas de voz a sus clientas casi a diario, así que algo sabe de cómo suena una voz que vende sin sonar impostada. No teorizó nada. Dijo, sin rodeos, que sonaba tiesa, como si estuviera mirando un punto fijo en la pared en vez de a una persona. Qué pena, pero tenía razón.

Por qué mirar fijo al lente incomoda al cliente en una videollamada

En una conversación real, cara a cara, nadie sostiene la mirada el cien por ciento del tiempo. Desviamos los ojos para pensar, parpadeamos, miramos hacia un lado cuando buscamos una palabra. Mirar fijo, sin ninguna de esas pausas, es lo que hacen los actores cuando quieren transmitir amenaza, no cercanía. En una pantalla ese efecto se multiplica, porque el cliente no tiene más referencia tuya que tu cara metida en un recuadro pequeño.

Algo parecido me pasó revisando mis notas sobre cómo aprovechar un curso de expresión oral para mejorar cada semana: la constancia no está en perfeccionar una técnica de una sola vez, sino en soltarla un poco cada vez que la practico.

Alternar la mirada en vez de clavarla: la regla que sí funciona

La regla que uso ahora la puedo resumir en una frase: miro al lente cuando saludo y cuando digo la idea que más me importa que quede clara, miro la imagen del cliente cuando habla para leer su cara, y miro hacia mi cuaderno o hacia un costado cuando estoy armando una idea a mitad de frase, sin rellenar el hueco con un "o sea" o un "digamos". Esa tercera mirada, la que se va, es la que más nerviosismo me daba soltar, porque sentía que delataba que no tenía todo memorizado. Ahora sé que es al revés: es la que más me hace sonar como una persona y no como un guion leído. A veces hago un par de ejercicios de dicción antes de una llamada importante, no por la mirada sino para que la voz salga clara sin tener que alzarla para sonar segura.

Lo noto sobre todo al presentarme: la voz ya no se me sube al final de la frase como si estuviera pidiendo permiso para estar ahí. "Hola, soy parte del equipo de Customer Success", así, sin el ganchito de pregunta al final, suena distinto a como sonaba antes, y no lo digo por presumir, lo digo en serio. Es parecido a lo que aprendí al manejar objeciones de clientes con calma: no se trata de tener una respuesta perfecta memorizada, sino de escuchar completo antes de responder, aunque la pregunta me tome por sorpresa.

A veces, antes de una llamada que me pone nerviosa, repito la primera frase en voz alta caminando por el Parque de El Poblado, frente a la iglesia, sin que nadie note que estoy ensayando un saludo de trabajo. Miryam, una compañera del grupo de práctica en el que estoy, hace algo parecido pero lo anota: escribe sus observaciones en una hoja aparte y las comparte al final de cada sesión, y la primera vez que mencionó la mirada alterna fue justo para decir que le había parecido más creíble que cuando yo miraba fijo.

Mano tomando notas en un cuaderno después de una videollamada con un cliente

La próxima vez que alguien te diga que la seguridad en una videollamada se mide en cuántos segundos aguantas mirando la cámara sin parpadear, no le hagas caso. La cámara no es un examen de resistencia. Es solo un punto más entre varios (la cara del cliente, el cuaderno, el costado de la pantalla) y saber moverte entre esos puntos, no clavarte en uno solo, es lo que de verdad se lee como alguien presente. Esa es, para mí, la única regla de presentación que vale la pena tomarse en serio.